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	<title>viva &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>Extensa y conceptuosa nota con el nuevejuliense Ariel Tapia destaca la revista “Viva”</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2015 09:07:45 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>
	El mate pasa de mano en una ronda silenciosa. Mate y galletas para el final de la jornada. Las miradas apenas se cruzan. &ldquo;&iquest;Cerraste el corral?&rdquo;, pregunta el patr&oacute;n. &ldquo;S&iacute;&rdquo;, responde el pibe, en un susurro, antes de alejarse por la huella de tierra.</p>
<p>
	La tropilla se aleja en un trote apurado rumbo a campo abierto. Al paso, el pelaje se esmerila con los rayos que se cuelan entre los &aacute;rboles.</p>
<p>
	Alg&uacute;n rezagado resopla. Los perros apuran con sus ladridos corriendo a la par. &ldquo;Abrojito, &iquest;cu&aacute;nto hace que corr&eacute;s los caballos?&rdquo;, corta el mutismo Ariel Tapia.</p>
<p>
	Hay un breve di&aacute;logo sobre el tiempo transcurrido entrenando caballos.</p>
<p>
	Tapia es un tipo resposado. Dice poco, observa mucho. Las preguntas lo incomodan. Perfil bajo -baj&iacute;simo- tiene este jugador de pato considerado como uno de los mejores de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>
<p>
	O el m&aacute;s destacado de su generaci&oacute;n. Revisa Tapia si todo qued&oacute; en su lugar: los aperos, las monturas, los cojines.</p>
<p>
	A pocos kil&oacute;metros del centro de la ciudad de 9 de Julio, en el campo La Guarida, se respira pato, nuestro deporte nacional desde 1953.</p>
<p>
	A media tarde, en el potrero se cabalga durante un buen tiempo con el &ldquo;pato&rdquo; que va y viene, de un jinete a otro. Cualquiera podr&iacute;a pensar que se trata de un entrenamiento de quienes lo cabalgan.</p>
<p>
	Todo lo contrario. &ldquo;Se hacen diferentes rutinas para que los caballos se vayan acostumbrando y salgan buenos jugadores&rdquo;, comenta Tapia. Los caballos son los grandes protagonistas en este deporte.</p>
<p>
	Aunque al jinete se le seguir&aacute; pidiendo aquello que se ense&ntilde;a de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n: destreza, fuerza y virilidad. Por lo que se ve, esas cualidades se aprenden desde temprano.</p>
<p>
	Cuando el pato -una pelota con c&aacute;mara de goma recubierta por seis asas de cuero- cae a tierra por segundos, el jinete desaparece de la montura, con el cuerpo inclinado hacia el suelo, por un costado del caballo. Y todo a velocidad. Si de algo se envanecen los pateros es de esa audacia que no se ve ni siquiera en su primo elegante y glamoroso, el polo.</p>
<p>
	En el pato hay que forcejear con el rival en una cinchada a puro galope. Es un deporte de roce y &ldquo;caliente&rdquo;. Varias generaciones de pateros pasaron por La Guarida y nada indica que la tradici&oacute;n se detenga.</p>
<p>
	En el potrero andaban cabalgando los hijos de Ariel, Mat&iacute;as y Tom&aacute;s. Y muchos a&ntilde;os antes, lo hizo Jorge, su pap&aacute;. Todos petiseros de los Spinacci: el patr&oacute;n, Dante, es una de las figuras emblem&aacute;ticas del pato junto con Mart&iacute;n Salaberry, aseguran quienes los vieron jugar en los 80.</p>
<p>
	En el corral quedaron algunos caballos por liberar. Tapia se acerca y los animales van hacia &eacute;l. Le dan leng&uuml;etazos en el brazo como si fueran perros falderos: &ldquo;Es porque estoy transpirado&rdquo;, sonr&iacute;e Tapia. La imagen habla de una conexi&oacute;n indescifrable. Son los caballos que &eacute;l m&aacute;s monta. &ldquo;Este es mi preferido. Dulce de leche se llama. Va a estar preparado para que juegue el a&ntilde;o que viene.</p>
<p>
	Tiene buen cuerpo de patero: buenas patas, buenas manos, buen pecho, es ligero. Cumpli&oacute; 6 a&ntilde;os, lo fuimos haciendo ac&aacute;&rdquo;. Tapia les pasa la mano por la cabeza, los mira escrut&aacute;ndolos, hace comentarios sobre la pata de alguno. &ldquo;Tengo algo especial con los caballos. Ser petisero es todo: es andarlos, darles de comer, ense&ntilde;arles a jugar&rdquo;.</p>
<p>
	Se empieza, al tranco, por casi un a&ntilde;o, en el corral, todas las ma&ntilde;anas. &ldquo;Hay que mostrarle la pelota de pato o el taco de polo para que se acostumbren y pierdan el miedo.</p>
<p>
	Hay caballos que en unos meses ya pueden jugar pero otros tardan un par de a&ntilde;os. El mejor caballo que tuve tard&oacute; dos a&ntilde;os y medio para jugar bien&rdquo;.</p>
<p>
	Desde que nacen hasta que son vendidos como ejemplares listos para jugar pueden pasar seis a&ntilde;os. Los que llegan a Europa como caballos de polo tienen un tiempo de adaptaci&oacute;n. &ldquo;El primer a&ntilde;o no juegan en el mismo nivel que ac&aacute;. Est&aacute;n con otra energ&iacute;a. Se ponen m&aacute;s fibrosos por la comida y de temperamento m&aacute;s bravo&rdquo;.</p>
<p>
	Tapia mezquina palabras y gestos (&ldquo;soy fr&iacute;o&rdquo;, dir&aacute;), pero cuando el tema son los animales y el pato las frases salen sin pausa. Deporte prohibido en sus inicios, cuando en lugar de la pelota se usaba un pato vivo, el primer reglamento se hizo en 1937.</p>
<p>
	Antes de eso se trataba de un juego peligroso, en el que el campo de juego era de estancia a estancia, con cientos de jinetes divididos en dos grupos. Los forcejeos, las pechadas, algunos faconazos o la p&eacute;rdida de equilibrio sol&iacute;an terminar tr&aacute;gicamente.</p>
<p>
	Sin embargo, el pato sigui&oacute; en el ADN del gaucho. Y en el de Ariel, claro. Hace un par de meses,Tapia estaba decidido a colgar sus pergaminos.</p>
<p>
	Ahora se lo escucha contento cuando cuenta que particip&oacute; del Torneo Retorno, en una cancha de La Pampa: &ldquo;Ganamos y yo saqu&eacute; la mejor yegua&rdquo;, sonr&iacute;e.</p>
<p>
	Se trata de La Leona, un animal de su propiedad. Con 10 goles de ventaja (equivale al h&aacute;ndicap del polo), en 16 a&ntilde;os de carrera, jug&oacute; 9 finales del Abierto argentino y gan&oacute; 5. Estuvo fuera de las canchas durante un par de temporadas.</p>
<p>
	En 2004, hac&iacute;a tiempo que no entrenaba y antes de la final un jugador de Barrancas del Salado se lesion&oacute;. Entonces lo llamaron a Ariel para que disputara la final con ellos.</p>
<p>
	Gan&oacute; el Abierto de Palermo, fue la figura del equipo y se llev&oacute; su primer Olimpia de Plata. Hasta 2010 no volvi&oacute; a jugar, absorbido por las temporadas de polo en el exterior. El regreso fue exitoso: con La Guarida ganaron todo (&ldquo;mi hijo Mat&iacute;as, mi hermano y yo, en distintas categor&iacute;as&rdquo;) y en 2012 se llev&oacute; el segundo Olimpia.</p>
<p>
	Y, de ah&iacute; en adelante, estuvo ternado siempre para llevarse ese premio, aun cuando su equipo no ganara la final del Abierto. &ldquo;Hace tres a&ntilde;os que vengo perdiendo por un gol&#8230; No me vengo triste ni enojado porque s&eacute; que estoy jugando bien&rdquo;.</p>
<p>
	Los dos Olimpia y el premio Jorge Newbery -un trofeo que entrega el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a los deportistas m&aacute;s destacados- est&aacute;n en un rinc&oacute;n de la cocina comedor de la casa, en avanzada construcci&oacute;n.</p>
<p>
	Un ventilador de pie da un respiro al calor de la siesta. A la calle donde vive Tapia todav&iacute;a no lleg&oacute; el asfalto. A unos kil&oacute;metros de ah&iacute;, donde su padre trabajaba en un tambo, en pleno campo, naci&oacute; &eacute;l.</p>
<p>
	Una foto sepia lo muestra a los 4 a&ntilde;os, con las riendas en la mano. &ldquo;Los mejores jugadores que vi son Dante Spinacci, Mart&iacute;n Salaberry y Nicol&aacute;s Taberna -afirma-.</p>
<p>
	Pero no me comparo con ninguno. Siempre quise ser yo mismo. De todos aprend&iacute; algo.&rdquo; Por m&aacute;s que le den ganas de dejar, todav&iacute;a lo alienta un sue&ntilde;o: llegar a la final del Abierto -y ganarla, por supuesto- con sus dos hijos y su hermano Juli&aacute;n en el mismo equipo.</p>
<p>
	Aunque el no cre&eacute;rsela le impide elogiarse, sabe que es un patero &uacute;nico, aunque en los &uacute;ltimos tiempos los resultados no estuvieron de su lado. A los 40 todav&iacute;a tiene rienda.</p>
<p>
	Acaso &eacute;l, su generaci&oacute;n, haya quedado en medio de un cambio crucial que tuvo este deporte al mismo tiempo que el campo. Los jugadores trabajaban de alguna manera la tierra.</p>
<p>
	Hoy, la mayor&iacute;a tiene otras ocupaciones o trabaja en las ciudades. Muchos se han ido alejando. Una realidad vinculada con la llegada de la teconolog&iacute;a al trabajo de la tierra, que fue prescindiendo de la gente. Adem&aacute;s, s&oacute;lo para poner un equipo en marcha,son necesarios cientos de miles de pesos, cifras a las que no todos pueden acceder.</p>
<p>
	Es un nuevo paradigma que lleg&oacute; al pato como a otros deportes. Y eso a Tapia le produce una enorme a&ntilde;oranza de aquella m&iacute;stica artesanal que mam&oacute; desde chiquito, cuando dorm&iacute;a entre los cojines a cielo abierto. &ldquo;Tres generaciones de mi familia trabajaron en La Guarida. Hasta los 13, trabaj&eacute; con mi pap&aacute;.Hice s&oacute;lo la primaria.</p>
<p>
	A los 13, el petisero era yo. Y arranqu&eacute; mi carrera&rdquo;, cuenta. M&aacute;s tarde empez&oacute; a viajar a Europa y a Sud&aacute;frica para hacer las temporadas de polo. Porque de eso vive.</p>
<p>
	Primero como petisero; ahora como polista o piloto, un escal&oacute;n m&aacute;s arriba, una suerte de coordinador de un equipo que pertenece a alg&uacute;n millonario. De abril a agosto, Tapia se instala en Windsor: &ldquo;Ah&iacute; cerca del castillo, &iquest;viste?&rdquo;, orienta sin mayores precisiones.</p>
<p>
	Pero se refiere a la residencia de la familia real de Gran Breta&ntilde;a. &ldquo;Hace unos a&ntilde;os fui refer&iacute; en un partido de polo del pr&iacute;ncipe Charlie (as&iacute; lo llama). Juega bien, y fuerte.</p>
<p>
	En un asado estuvieron Harry y William: muy buena onda, impresionante&rdquo;, describe.</p>
<p>
	All&aacute; Tapia se pone la camiseta de Les Lions y su patr&oacute;n, revela, es un magnate alem&aacute;n. No s&oacute;lo lo contratan como polista (tiene 5 de h&aacute;ndicap), tambi&eacute;n entrena caballos.</p>
<p>
	Se dio el gusto de ganar la Roehampton Cup, un trofeo de los m&aacute;s tradicionales del polo ingl&eacute;s, en 2006, con el equipo Montana Team. Y fue tapa de la revista Polo Times. &ldquo;Soy un tipo de suerte. Hago lo que me gusta y me da de comer.</p>
<p>
	Hay jugadores que est&aacute;n todo el d&iacute;a sentados sobre una sembradora y el pato es un hobby para ellos, como juntarse en un fulbito 5. Para m&iacute; no.</p>
<p>
	Esas son ventajas que das a los contrarios&rdquo;, refuerza. No tiene planes para esta temporada.</p>
<p>
	Cualquiera lo querr&iacute;a tener a su lado.</p>
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