<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>solemnidad del cuerpo y la sangre de cristo &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
	<atom:link href="https://wp.diariotiempodigital.com/tag/solemnidad-del-cuerpo-y-la-sangre-de-cristo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://wp.diariotiempodigital.com</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Mon, 23 Jun 2014 07:42:52 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-AR</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.2.2</generator>
	<item>
		<title>El sacramento del amor de Dios</title>
		<link>https://wp.diariotiempodigital.com/2014/06/23/el-sacramento-del-amor-de-dios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tiempo diario]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Jun 2014 07:42:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[homilía]]></category>
		<category><![CDATA[mons. martín de elizalde]]></category>
		<category><![CDATA[solemnidad del cuerpo y la sangre de cristo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://diariotiempo-wp.test/2014/06/23/el-sacramento-del-amor-de-dios/</guid>

					<description><![CDATA[Iglesia Catedral, domingo 22 de junio de 2014 Queridos hermanos y hermanas: &#8220;Sacramento de la caridad, la Sant&#237;sima Eucarist&#237;a es el don que Jesucristo hace de s&#237; mismo, revel&#225;ndonos el&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>
	Iglesia Catedral, domingo 22 de junio de 2014</p>
<p>
	Queridos hermanos y hermanas:</p>
<p>
	&ldquo;Sacramento de la caridad, la Sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a es el don que Jesucristo hace de s&iacute; mismo, revel&aacute;ndonos el amor infinito de Dios por cada hombre&hellip; en el sacramento eucar&iacute;stico Jes&uacute;s sigue am&aacute;ndonos &lsquo;hasta el extremo&rsquo;, hasta el don de su cuerpo y de su sangre &hellip; &iexcl;Qu&eacute; admiraci&oacute;n ha de suscitar tambi&eacute;n en nuestro coraz&oacute;n el Misterio eucar&iacute;stico!&rdquo; Con estas palabras introduce el Papa Benito XVI su Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica Sacramentum caritatis, y con ellas queremos hoy, en esta solemnidad lit&uacute;rgica, dedicada a venerar y celebrar la Eucarist&iacute;a, meditar sobre el misterio de nuestra fe.</p>
<p>	EL AMOR DE DIOS</p>
<p>
	En el comienzo se encuentra el amor de Dios, Padre y Creador, que hizo el universo, y en &eacute;l puso al hombre para que lo rigiera y se prepara as&iacute; para el destino de felicidad que le hab&iacute;a preparado por amor. Pero la desobediencia del pecado se interpuso, y el amor ofrecido y manifestado se vio contrariado por el ego&iacute;smo y la inconstancia del hombre. Dios entonces envi&oacute; a su Hijo, a Aquel a quien amaba, para que viniera al rescate de sus criaturas, y con la redenci&oacute;n de la Cruz y el triunfo de la Resurrecci&oacute;n, de servidores nos hizo hijos, de pecadores nos hizo santos. Este amor tan grande, del Padre que env&iacute;a y del Hijo enviado, se hace presente en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, que se realiza en la comuni&oacute;n de la Iglesia y por la sucesi&oacute;n apost&oacute;lica. Participamos de la cena del Se&ntilde;or, somos alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se llena el alma de la gracia y se confirma en la uni&oacute;n con Dios, se afirma en la esperanza de la vida eterna. El amor que est&aacute; en el principio de la creaci&oacute;n y lleva a la redenci&oacute;n del pecador, es el mismo amor que nos hace vivir en la comuni&oacute;n y nos sostiene en la esperanza.</p>
<p>	LA COMUNI&Oacute;N DEL AMOR</p>
<p>
	La Iglesia, nuestra Madre, nos concede vivir en comuni&oacute;n con Dios, y en ella recibimos la santidad y podemos conservarla en la fidelidad. Al participar de la Eucarist&iacute;a abrimos el coraz&oacute;n a Dios, en la adoraci&oacute;n de la fe, en la escucha de su Palabra, en la unidad con los hermanos bautizados, y sobre todo en la recepci&oacute;n del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Recibimos un don infinito, ofrecemos nuestra pobreza, y se consolida entonces este admirable, misterioso intercambio, obrado en el Bautismo y sellado en la Confirmaci&oacute;n. La Eucarist&iacute;a da entidad y direcci&oacute;n al sacrificio espiritual, como dice san Pablo, &ldquo;Les ruego, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio santo y capaz de agradarle&rdquo; (Rom 12, 1). Es comuni&oacute;n con el amor de Dios, y esta se refleja y se vuelca en la comunidad que formamos, en el servicio de nuestros hermanos, en el ejercicio del amor expresado en la comprensi&oacute;n y en la ayuda, en la solicitud y en la compasi&oacute;n.</p>
<p>
	Pero esta trasmisi&oacute;n del amor recibido, que al volcarse en bien de los hermanos se vuelve ofrenda elevada a Dios, necesita nutrirse de la fuente del amor, que es la Eucarist&iacute;a.</p>
<p>
	Reafirmemos en los hogares, en la catequesis, en las escuelas, en nuestras comunidades y en la sociedad, la convicci&oacute;n originaria que debe anidar en el coraz&oacute;n de todo fiel: en la Eucarist&iacute;a, misterio de la fe, se vive en plenitud la vocaci&oacute;n del cristiano. Recordar que m&aacute;s que obligaci&oacute;n, la Eucarist&iacute;a dominical es un deber del coraz&oacute;n que ama, cree y espera, y que el debilitamiento de la pr&aacute;ctica sacramental empobrece las almas, diluye los v&iacute;nculos de la comuni&oacute;n, lleva a olvidar lo que hemos recibido de Dios y nos establece en un mundo sin trascendencia, sin anuncio del mensaje de Jesucristo, sin la fuerza que viene del Hijo que se entreg&oacute; por nosotros. La participaci&oacute;n en la celebraci&oacute;n de la Santa Misa no puede ser solamente un requisito ritual o un acto rutinario; para el cristiano, es la expresi&oacute;n m&aacute;s sublime de su fe y del compromiso de su amor, es la fuente de donde procede todo lo que lo encamina y ayuda para la felicidad infinita, para llegar al t&eacute;rmino inefable de su verdadera condici&oacute;n, la m&aacute;s grande y la m&aacute;s profundamente marcada en su propio ser, que es ser hijo de Dios, part&iacute;cipe de su amor, heredero de la gloria. &nbsp;</p>
<p>	LA COMUNI&Oacute;N DE LA ESPERANZA</p>
<p>
	Pero el horizonte del cristiano se abre a perspectivas muy amplias. No basta pensar en nuestros limitados c&iacute;rculos, la familia, los amigos, los vecinos, aunque sea hacia ellos que tenemos que dedicar nuestros primeros esfuerzos. Cristo vino a salvar a todos los hombres, y lo hace a trav&eacute;s de su Iglesia, que somos nosotros, los bautizados. En el cap&iacute;tulo quinto de la Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, titulado Evangelizadores con Esp&iacute;ritu, invita a los cristianos &ldquo;a abrirse sin temor&nbsp; a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;, para ser evangelizadores de sus hermanos. Podemos decir que la fuente de esta renovaci&oacute;n del esp&iacute;ritu y de la acci&oacute;n evangelizadores, est&aacute; en la continuidad de la fe eucar&iacute;stica y su celebraci&oacute;n, que nos lleva paradojalmente desde la intimidad y el silencio de lo inefable, hasta m&aacute;s all&aacute; de lo conocido y de lo familiar, para alcanzar a los m&aacute;s alejados. Renov&aacute;ndonos en la presencia del Se&ntilde;or Resucitado, a&uacute;n con los l&iacute;mites de nuestra pobreza y las fallas de nuestros pecados, iremos hacia los extremos a los que la Iglesia debe iluminar y sanar, atray&eacute;ndolos a la Casa com&uacute;n, en cuyo centro se encuentra la mesa tendida, de la Palabra y del Pan y el Vino eucar&iacute;sticos. Por la Eucarist&iacute;a, el cristiano se forma y se fortalece para, revestido de Cristo, vivir y testimoniar el Evangelio por el amor, desde el cual llegar a aquellas personas y lugares donde es esperado el mensaje de salvaci&oacute;n.</p>
<p>
	El misterio de la fe es la puerta de la eternidad. Cuanto somos y poseemos aqu&iacute; en la tierra, es instrumento para un bien mayor; es nada, en comparaci&oacute;n con lo eterno que nos aguarda por la promesa divina. Y la Eucarist&iacute;a, prenda y anticipo de la eternidad, que ya nos coloca en ese esp&iacute;ritu de adoraci&oacute;n y en la experiencia de la presencia, que nos fortalece y prepara para actuar evang&eacute;licamente como colaboradores y ministros de Cristo, nos encamina hacia la comuni&oacute;n definitiva, hacia el encuentro con Dios. Ella anticipa el sentido de la existencia y la hace &uacute;til y generosa, y nos conforta con la beata esperanza de lo que no cesar&aacute; jam&aacute;s.</p>
<p>
	Es en la Eucarist&iacute;a donde aclamamos el Misterio de la fe, por la Muerte y Resurrecci&oacute;n de Jesucristo, y nos lleva a invocar su venida: &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!</p>
<p>	Mons. Mart&iacute;n de Elizalde OSB<br />
	Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo<br />
	Iglesia Catedral, 22 de junio de 2014</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
