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	<title>Página 12 &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>Página 12 destaca la actualidad del músico Javier Maldonado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 9 de Julio]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Jun 2019 08:11:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Naci&oacute; en la pampa bonaerense, estudi&oacute; en La Plata, viaj&oacute; mucho por el mundo y ahora vive en Buenos Aires. Esas marcas, como postas, jalonan la m&uacute;sica de Javier Maldonado. Su flamante disco No es el tiempo que pasa re&uacute;ne composiciones de todos estos a&ntilde;os de gente, de bohemia y de andanzas, y vuelve a ubicarlo, quiz&aacute;s de manera definitiva, como uno de los compositores y cantautores actuales m&aacute;s exquisitos e imprescindibles.<br />
Por Juan Ignacio Babino</p>
<p>Como si saliera sangre de los dedos, dice. El sonido de Guilty (1980) de Barbra Streisand y Barry Gibb como inesperada referencia al momento de grabar. Un pu&ntilde;ado de canciones acopiadas durante una pila de a&ntilde;os que, a la vez, apilan kil&oacute;metros y kil&oacute;metros. A Javier Maldonado &ndash;el cuerpo espigado, ese bigotito que es apenas una l&iacute;nea, el porte fino, un desali&ntilde;o apenas sugerido&ndash; le bastaron aquella intenci&oacute;n al escribir, esa referencia musical y esas tonadas suyas para entregar un disco enorme, bello, cercano a la perfecci&oacute;n.</p>
<p>En la sala hay cosas que cuentan sobre &eacute;l: un vino, uno de los tomos del diccionario de Mar&iacute;a Moliner (&ldquo;soy un fan&aacute;tico de la etimolog&iacute;a&rdquo;), m&aacute;s libros de lomos gastados, el piano de cola tra&iacute;do desde su 9 de Julio natal, la luz baja, toda esta quietud. &ldquo;El silencio es hermoso. En tanto vos vas a la casa de alguien y hay m&uacute;sica y no pod&eacute;s ni conversar, ah&iacute; empiezan los problemas. Yo no escucho tanta m&uacute;sica y no me parece una idea feliz estar todo el tiempo, todo el d&iacute;a escuchando m&uacute;sica&rdquo;.</p>
<p>El muchacho se tom&oacute; su tiempo para tener disco nuevo. Seis a&ntilde;os pasaron. &ldquo;Anduve mucho, escrib&iacute; un poco n&oacute;made, como soy yo. Mis discos suelen tener un tiempo de macerado&rdquo;. Su obra -adem&aacute;s de dos piratas: uno en vivo y otro que recoge demos y cosas sueltas- est&aacute; conformada por Calle Espa&ntilde;a (2008), Musas dom&eacute;sticas en el Meridiano V (2010, dedicado a ese barrio platense, adoquinado y bohemio) y Los pasajeros (2013). En todos y cada uno de ellos -ya desde los t&iacute;tulos se adivina&ndash; hay un l&iacute;nea que los cruza: el andar, el devenir, el divague urbano. La ciudad como rumbo y cartograf&iacute;a. Para perderse, embriagarse, extraviarse all&iacute;. Y en ello, el pulso narrativo. &ldquo;Tiene algo geogr&aacute;fico tambi&eacute;n. Es la soledad, es mi frustraci&oacute;n como escritor. Y eso est&aacute; ah&iacute;. Yo siento que escribo y compongo solo. Los escritores por ah&iacute; se encierran en su despacho. Suelo viajar mucho y en ese viajar suelo escribir un poco m&aacute;s&rdquo;. Cada uno de esos discos, a su manera, revelan el recorrido de Maldonado: su estad&iacute;a en La Plata como estudiante de Bellas Artes, los viajes, la transici&oacute;n hacia la gran ciudad, las vueltas a casa. Y en ello, el viraje sonoro: desde el rock y un pulso m&aacute;s el&eacute;ctrico hacia una canci&oacute;n m&aacute;s universal.</p>
<p>Por eso, entonces, el mundo como lugar. Ese mismo esp&iacute;ritu viandante, andariego y cosmopolita vuelve a estar en No es el tiempo que pasa: flamante y preciosista disco nuevo de Maldonado que re&uacute;ne canciones de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. A veces para el viento y no muere. Eso pareci&oacute; entender Javier. El trabajo tiene unos pocos momentos de intimidad y austeridad sonora; el ejemplo m&aacute;s claro: la instrumental Vecinos rusos, grandes amantes que funciona como puente de una obra que bien podr&iacute;a pensarse cuenta con sus lados A y B. Eduardo Carreras, m&uacute;sico y uno de los encargados de la grabaci&oacute;n al escuchar ese vals instrumental le dijo: &ldquo;Javier &iexcl;qu&eacute; m&uacute;sica! Todo lo que nosotros siempre anhelamos de Tom Waits o de esos tipos: ya no le tenemos que envidiar nada. Esto es m&uacute;sica&rdquo;. El resto abreva sobre una instrumentaci&oacute;n variada y cargada pero todo suena justo, liviano, org&aacute;nico, grupal. Nada sobra, nada falta. Aires de bolero, de vals y de tonada rioplatense, alg&uacute;n pasaje m&aacute;s el&eacute;ctrico, baladas. En definitiva: canciones, grandes canciones. Todo, adem&aacute;s, dialoga con otro tiempo, varios a&ntilde;os atr&aacute;s. Lo dicho: ese preciosismo se saltea el paradigma musical actual, el arco se abre y tensa hacia los 70, los 60. Tal vez los 50. &ldquo;Yo soy un poco atemporal. Me han dicho por qu&eacute; no sacaba simples o EPs. &iexcl;Y no! Una obra es una obra, una pel&iacute;cula, un libro. Narra algo. Situaciones. No porque el tiempo actual dicte algunas cosas yo tengo que hacerlas. No me interesa contar a todo el mundo que yo estoy ac&aacute; con vos&rdquo; cuenta. Y sigue: &ldquo;Yo no pienso en un business. Entiendo que todo es business, s&iacute;. Pero hasta ah&iacute; hermano: hay cosas que no las voy a entregar ni relegar. Llevan m&aacute;s tiempo pero no me importa. Justamente: no es el tiempo que pasa. C&oacute;mo sent&iacute;s el mundo y qu&eacute; m&uacute;sica le pod&eacute;s entregar. Este es un disco de entrega y tiene, adem&aacute;s del pulso de la sangre al escribir, el pulso de mi cuerpo, de c&oacute;mo canto. Al fin y al cabo es el tesoro de cada uno, cuando lo encontraste ya est&aacute;. Creo que encontr&eacute; mi vida en las canciones. Y en la m&uacute;sica y la literatura&rdquo;.</p>
<p>En cada uno de sus trabajos anteriores y ahora: un aire de celebraci&oacute;n y de dicha recorre todo. Sobre un halo melanc&oacute;lico sopla cierto j&uacute;bilo. Se alista, aqu&iacute;, la seguidilla que da comienzo: &ldquo;La alameda&rdquo;, &ldquo;&iquest;Qu&eacute; nos est&aacute; pasando?&rdquo;, &ldquo;El cartero de la soledad&rdquo; (quiz&aacute;s la canci&oacute;n m&aacute;s hermosa del disco), &ldquo;Nos ocupamos del mar&rdquo;, &ldquo;La marcha de las caravanas&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Es la celebraci&oacute;n de la m&uacute;sica!&rdquo; dice. Y agrega: &ldquo;A los m&uacute;sicos nos gusta tocar. Toco con Germ&aacute;n (Giuliodoro, fin&iacute;simo guitarrista platense, fiel compa&ntilde;ero de Maldonado desde hace muchos a&ntilde;os) y me encanta. O con la banda. Se disfruta el encuentro, c&oacute;mo toca el otro. A m&iacute; no me gusta hacer m&uacute;sica de mierda. A la hora de grabar tratemos de hacerlo bien, porque a la m&uacute;sica bien tocada no hay con que darle&rdquo;.</p>
<p>No es el tiempo&#8230; cuenta, adem&aacute;s, con algunos invitados: Isla Mujeres, Franny Glass (juntos compusieron &ldquo;Todas las ventanas de ayer&rdquo; y de all&iacute; vale rescatar el pasaje que dice: pido al viento tantas cosas como para que cuando no pueda me pueda ayudar, pan y cerveza fr&iacute;a para los vig&iacute;as), Pablo Dacal, Agustina Cichetti y Julieta Laso, con quien comparten &ldquo;D&iacute;as como malones, hombres como ladrones&rdquo;, especie de milonga campera que cierra el disco. &ldquo;Es una canci&oacute;n de llegada. La milonga es volver a mi pago. Vuelve para seguir abierto, as&iacute; termina. De hecho cierra con un acorde arriba y una mujer cantando. Estuvimos hasta la madrugada encontrando ese tema. Es un paisaje, de vuelta a la pampa. Al fin y al cabo, los viajes cansan, claro. Pero te colman de aire&rdquo;. Son apenas cuatro l&iacute;neas y no se necesitan m&aacute;s. El texto, como la pampa misma, se demora, se aletarga. Y todo el pasaje, de saliente a poniente llena la ma&ntilde;ana, la tarde, la noche: los d&iacute;as llegan como malones/los hombres buscan como ladrones/ los viajes cansan/ llen&aacute;ndolas de viento a mis palabras. Dice: &ldquo;Cu&aacute;ndo uno canta &lsquo;I Am The Walrus&rsquo;, est&aacute; buen&iacute;simo, s&iacute;. &iquest;Pero, loco, qu&eacute; est&aacute;s cantando? &iquest;Qu&eacute; mierda estamos diciendo? Escuchemos a gente con nuestras palabras, con nuestras propias l&iacute;ricas&rdquo;.</p>
<p>Fuente: P&aacute;gina 12.</p>
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