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	<title>monseñor martín de elizalde osb &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>Homilía pronunciada por Mons. Martín de Elizalde OSB</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jul 2013 06:29:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciudad]]></category>
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					<description><![CDATA[Se&#241;or Intendente Municipal, Se&#241;or Presidente del H. Concejo Deliberante, Autoridades municipales, escolares, policiales, Representantes de comunidades cristianas hermanas, Representantes de instituciones de la ciudad, Queridos hermanos y hermanas que nos&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>
	Se&ntilde;or Intendente Municipal, Se&ntilde;or Presidente del H. Concejo Deliberante,</p>
<p>
	Autoridades municipales, escolares, policiales,</p>
<p>
	Representantes de comunidades cristianas hermanas,</p>
<p>
	Representantes de instituciones de la ciudad,</p>
<p>
	Queridos hermanos y hermanas que nos acompa&ntilde;an en esta celebraci&oacute;n:</p>
<p>
	Celebramos un nuevo aniversario de la Declaraci&oacute;n de la Independencia, en San Miguel de Tucum&aacute;n, el 9 de julio de 1816, cuando faltan apenas tres a&ntilde;os para la recurrencia bicentenaria de este acontecimiento fundamental. La declaraci&oacute;n de la Independencia sella la voluntad de un pueblo que, buscando la libertad, quiso encontrar su verdadero destino. Y este destino no pod&iacute;a ser hallado sino en la justicia y en el bien com&uacute;n. Ese gesto valiente, inspirado por nuestros pr&oacute;ceres en un contexto dif&iacute;cil como era el fin de una &eacute;poca hist&oacute;rica, la ca&iacute;da de un orden autoritario y paternalista, la irrupci&oacute;n de nuevas ideas sobre el hombre y la sociedad, no pod&iacute;a ser una mera expresi&oacute;n de deseos, un acto de arrojo sin consecuencias duraderas. Era una propuesta para los a&ntilde;os y los siglos por venir, y la idea de la independencia encerraba y promet&iacute;a concretar la posibilidad de su realizaci&oacute;n.</p>
<p>
	La independencia no era un proyecto b&eacute;lico ni un dise&ntilde;o de poder, solamente, aunque requiriera el compromiso esforzado de los hijos de la Patria, y promet&iacute;a a&ntilde;os de guerra y penurias. Era una invitaci&oacute;n a establecer un sistema de vida que garantizara los derechos de todos, asegurara la igualdad de oportunidades y la justicia, permitiera el progreso y el bienestar, con una legislaci&oacute;n sabia y un r&eacute;gimen pol&iacute;tico preocupado por el bien com&uacute;n. Esa iniciativa recog&iacute;a la experiencia de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, tan cr&iacute;ticos para el mundo entero y en especial para nuestra Am&eacute;rica &ndash; y le daba esa fuerte caracter&iacute;stica de unidad, tan propia de los primeros a&ntilde;os de libertad en todo el continente, y abrevaba en las fuentes de una tradici&oacute;n, como la espa&ntilde;ola, fuertemente marcada por la fe cristiana.</p>
<p>
	En este nuevo aniversario, y frente a un bicentenario ya pr&oacute;ximo, &iquest;c&oacute;mo estamos? Sin duda, hay muchas carencias, metas inalcanzadas, proyectos inconclusos y propuestas incompletas, pero es bueno que, reunidos aqu&iacute;, en la casa de Dios, sepamos agradecer sus beneficios y, comprometi&eacute;ndonos con honestidad y verdad, nos planteemos una doble reflexi&oacute;n. &iquest;Comprendemos el alcance de la Independencia y la responsabilidad que ella nos confiere? &iquest;Estamos abiertos a la trascendencia divina, a la presencia de Dios, quien nos env&iacute;a su luz para conocer y comprender, para actuar con el debido acierto, con justificada esperanza de lograr las metas que debemos buscar?</p>
<p>
	Ser una Naci&oacute;n implica una gran responsabilidad: no es un acto del pasado, cuyas consecuencias nosotros debemos asumir, sino un compromiso que nuestros padres asumieron por nosotros y que nos sigue obligando. La responsabilidad de ser Naci&oacute;n no se ejerce con las soluciones y las recetas ocasionales, sino que impone una mirada que apunta m&aacute;s all&aacute; de nuestro tiempo y de nuestras circunstancias, que nos invita a proyectar para todos y para mucho tiempo, que nos recuerda una perspectiva ampl&iacute;sima, no de algunas posibilidades, de ciertos reclamos, sino tambi&eacute;n proveer a las necesidades no expresadas, a los reclamos no formulados todav&iacute;a, a los grandes prop&oacute;sitos que fueron imaginados por nuestros padres y que constituyen la esencia de la construcci&oacute;n, siempre en proceso, de una Naci&oacute;n libre, justa, independiente. Pensamos en la pobreza, en la desigualdad injusta, a lo que se pretende responder con la propuesta incompleta y parcial, el rebajamiento a las exigencias m&aacute;s elementales y los ofrecimientos demag&oacute;gicos.</p>
<p>
	Acaba de publicarse la carta enc&iacute;clica del Papa Francisco, que con el t&iacute;tulo Lumen fidei, La luz de la fe, ha dado a conocer en este momento tan importante del mundo. Para nosotros, argentinos, la palabra del Pont&iacute;fice Romano tiene una especial significaci&oacute;n., y debemos estar abiertos a una escucha atenta, inteligente. Los invito, pues, a leerla con atenci&oacute;n, para que ella nos ayude en la tarea de construir la Patria.</p>
<p>
	Esta fe, anunciada por la Iglesia de Cristo y que el mismo Se&ntilde;or ha confiado a sus disc&iacute;pulos, es la clave para la comprensi&oacute;n cabal de nuestro destino. En efecto, dice el Papa, &quot;la luz de la raz&oacute;n aut&oacute;noma no logra iluminar suficientemente el futuro; al final, &eacute;ste queda en la oscuridad, y deja al hombre con el miedo a lo desconocido&quot; (3). Las limitaciones de los hombres, pero tambi&eacute;n sus pecados, nos apartan del camino justo y sabio, porque el mal obrar, las ambiciones desmedidas y los intereses materiales son siempre ego&iacute;stas, parciales, discriminatorios. Pero &iquest;qui&eacute;n podr&aacute; recordarnos lo que es preciso tener en cuenta, lo que debemos hacer? &iquest;D&oacute;nde encontrar la justicia y el bien que garanticen la convivencia pac&iacute;fica, la construcci&oacute;n ordenada y eficiente de un r&eacute;gimen social, con la adecuada participaci&oacute;n de todos? La revelaci&oacute;n cristiana, el ejemplo de Jesucristo y sus ense&ntilde;anzas, est&aacute;n a nuestro alcance para ilustrarnos, pero tambi&eacute;n para confortarnos en los tiempos dif&iacute;ciles, para renovar nuestro entusiasmo a veces desfalleciente, para devolvernos a las actitudes que nunca hubi&eacute;ramos debido abandonar.</p>
<p>
	Esta revelaci&oacute;n nos habla al coraz&oacute;n y a la mente, y recibida como fe que ilumina el sendero, mantiene su arraigo en el pasado, &quot;memoria fundante&quot;, la llama el Papa, y responde a las m&aacute;s entra&ntilde;ables aspiraciones del hombre, al mismo tiempo que se&ntilde;ala un futuro, &quot;nos devela vastos horizontes y nos lleva m&aacute;s all&aacute; de nuestro yo aislado, hacia la m&aacute;s amplia comuni&oacute;n&quot; (4). Esta propuesta se puede aplicar tambi&eacute;n al modo de ser Naci&oacute;n, implantada en los m&aacute;s nobles principios humanos, que son inspirados por Dios, siempre, quien los hace presentes en la misma naturaleza del hombre y en toda sociedad. Nos falta todav&iacute;a encontrarla y realizarla entre nosotros, porque no podemos ejercer en paz una convivencia respetuosa y justa, porque los responsables pol&iacute;ticos no atienden a las necesidades que el pueblo denuncia: el alivio de la pobreza, la distribuci&oacute;n justa de los bienes, la custodia de la vida de los ciudadanos, amenazada por la inseguridad, la violencia y la irresponsabilidad, las carencias de la salud p&uacute;blica y de la educaci&oacute;n; m&aacute;s profundamente a&uacute;n podemos se&ntilde;alar los atentados contra la vida naciente, la fragilizaci&oacute;n de los v&iacute;nculos familiares, la irresponsabilidad en el &aacute;mbito de la reproducci&oacute;n y la gen&eacute;tica humanas, la desvalorizaci&oacute;n de la moral.</p>
<p>
	La Independencia, proclamada hace casi doscientos a&ntilde;os, es a&uacute;n incompleta, y seguir&aacute; si&eacute;ndolo si no se concreta la aplicaci&oacute;n justa y sincera de aquellos principios que la inspiraron. A los ciudadanos, a todos nosotros, nos corresponde reclamar que as&iacute; sea, pero tambi&eacute;n esforzarnos por ir dando los pasos en nuestras actividades, en nuestros ambientes, para poder introducir y afirmar esa nueva conciencia que necesita el pa&iacute;s. Pidamos a Dios que los gobernantes y los gobernados, en unidad responsable y operante, sepamos encontrar la manera de conseguir tales fines.</p>
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