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	<title>lecturas &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>Grandes lecturas IX: El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Jun 2013 07:37:25 +0000</pubDate>
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	Por un lado est&aacute; la pol&eacute;mica que le acompa&ntilde;&oacute; durante mucho tiempo debido al contenido sexual de muchos de sus pasajes, por otro est&aacute; su calidad literaria, que, sin permitirle alcanzar el estatus de obra maestra o imprescindible, le ofrece al lector un severo retrato de la naturaleza humana desde el punto de vista de los dos sexos y un visionario an&aacute;lisis de la incipiente sociedad industrial de la &eacute;poca, que adem&aacute;s resulta de actualidad hoy en d&iacute;a tras el estrepitoso fracaso del sistema neoliberal:</p>
<p>
	Deber&iacute;an aprender a ir desnudos y hermosos, a cantar todos juntos y a bailar las antiguas danzas en grupo, y a tallar los asientos donde se sientan, y a bordar sus propios emblemas. Entonces no habr&iacute;a necesidad de dinero. Y &eacute;se es el &uacute;nico medio de resolver el problema industrial: educar a la gente para que pueda vivir, y vivir en la hermosura, sin necesidad de gastar.&nbsp;(p. 369)</p>
<p>
	Pero existe adem&aacute;s un tercer nivel de lectura donde el autor cuestiona la religi&oacute;n en cualquiera de sus vertientes eclesi&aacute;sticas para hacer un canto y una alabanza a la vida mundana, a los caprichos del cuerpo, que son la verdadera vida que deben vivir los seres humanos, pues estos impulsos animales son los que nos enfrentan con nuestra verdadera naturaleza. Lo espiritual, sin embargo, se alcanza de manera artificial; es un montaje de quienes manejan y gestionan la sociedad. Para establecer estas l&iacute;neas de pensamiento el autor se sirve de los personajes masculinos, que parecen actuar como s&iacute;mbolos de una representaci&oacute;n aleg&oacute;rica, y de c&oacute;mo &eacute;stos se comportan respecto al personaje femenino, Lady Chatterley. Por un lado est&aacute; Sir Clifford, un rico arist&oacute;crata que est&aacute; impedido y que vive anclado a una silla de ruedas. &Eacute;l representa lo racional, el pragmatismo y el modo de vida impuesto. El hecho de que sea un inv&aacute;lido no es una cuesti&oacute;n balad&iacute;, pues su mujer est&aacute; llena de vida y desea salir de la finca donde viven a fin de exprimir su vitalidad, lo cual genera un conflicto. Luego est&aacute; el guardabosques, Oliver Mellors, que se convierte a la postre en el verdadero amante de Lady Chatterley y que representa lo salvaje, la pasi&oacute;n del cuerpo y la renuncia a todo lo material. De su boca salen alabanzas a lo pagano y cr&iacute;ticas al sistema capitalista y a la iglesia. Mellors es lo que hoy en d&iacute;a llamar&iacute;amos un antisitema, pero no es un bolchevique de la &eacute;poca, sino un naturista que termina por enamorarse de una bella arist&oacute;crata.</p>
<p>
	El&nbsp;<a class="refdest" href="http://ar.globedia.com/t/cultura/libro" id="">libro</a>&nbsp;se public&oacute; por primera vez en Italia en 1928 y, como se esperaba, gener&oacute; una gran pol&eacute;mica. Estuvo prohibido en Inglaterra y Estados Unidos hasta que en 1959, m&aacute;s de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n, un tribunal norteamericano anul&oacute; la acusaci&oacute;n de obscenidad que reca&iacute;a sobre &eacute;l.&nbsp;El amante de Lady Chatterley&nbsp;nos cuenta la&nbsp;<a class="refdest" href="http://ar.globedia.com/t/cultura/historia" id="">historia</a>&nbsp;de Sir Clifford y su esposa, un matrimonio burgu&eacute;s ejemplar que goza de fama en la regi&oacute;n y que sirve de ejemplo para los seguidores de las buenas costumbres. A pesar de poseer dinero suficiente para tener a su alcance todas las comodidades y placeres deseables, la mujer, Constanza Chatterley, comienza a sentir un vac&iacute;o en su interior que no es otra cosa que la falta de vitalidad que le produce la vida en el campo y tambi&eacute;n el hast&iacute;o que le genera el inv&aacute;lido de su marido, intelectual y ambicioso que s&oacute;lo piensa en el &eacute;xito. Aunque no ser&aacute; su &uacute;nico amante, el encuentro de Lady Chatterley con el guardabosque de la finca, llevar&aacute; a Connie a cuestionar el &uacute;nico modo de vida que hasta entonces hab&iacute;a conocido, llegando a la conclusi&oacute;n de que todo era un enga&ntilde;o.</p>
<p>
	D. H. Lawrence utiliza en su obra m&aacute;s conocida un estilo po&eacute;tico cargado de figuras literarias que adem&aacute;s posee un intenso ritmo narrativo. No obstante, comente algunos errores que yo tildar&iacute;a de infantiles, especialmente en los di&aacute;logos, tan artificiales como un s&iacute;mil que no viene a cuento. En ocasiones, los personajes abren el di&aacute;logo diciendo &quot;Hola&quot; y lo terminan con un &quot;adi&oacute;s&quot;. La historia, que nos cuenta muchas cosas, avanza r&aacute;pidamente debido a las elipsis. Sin embargo, &eacute;stas no son todo lo claras que deber&aacute;n para marcar el salto temporal. En cualquier caso la lectura resulta intensa, entretenida y genera cierta empat&iacute;a, por lo que el lector puede encontrarse por momentos tan cerca de la naturaleza femenina como de la masculina, tan cerca del ardor Lady Chatterley como del marchito esp&iacute;ritu de su marido.</p>
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