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	<title>en la solemnidad del cuerpo y la sangre de cristo &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>En la Solemnidad del Cuerpo y la sangre de Cristo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tiempo diario]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2015 08:39:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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		<category><![CDATA[homilía]]></category>
		<category><![CDATA[mons. martín de elizalde]]></category>
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					<description><![CDATA[Iglesia Catedral, 7 de junio de 2015 Queridos hermanos y hermanas. &#160; Estamos reunidos en este d&#237;a de la Eucarist&#237;a para expresar en la acci&#243;n de gracias nuestra fe en&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>
	<em>Iglesia Catedral, 7 de junio de 2015<br />
	</em></p>
<p>
	Queridos hermanos y hermanas.<br />
	&nbsp;<br />
	Estamos reunidos en este d&iacute;a de la Eucarist&iacute;a para expresar en la acci&oacute;n de gracias nuestra fe en el misterio del Sacrificio Redentor de Cristo y de su Presencia sacramental en la Iglesia. Lo hacemos con profunda alegr&iacute;a, pues como Pueblo de Dios que ha sido salvado y al que le fue prometida la vida eterna, gozamos ya en este mundo de la gracia de la comuni&oacute;n, esperando su cumplimiento definitivo.</p>
<p>
	Por el sacramento eucar&iacute;stico participamos de la vida divina, nos encontramos en la intimidad con el Hijo, gloriosamente resucitado, somos fortalecidos en la peregrinaci&oacute;n de este mundo y alentados por la esperanza.</p>
<p>
	Recordar en la fe, agradecer con amor profundo, comprometernos en la caridad y la evangelizaci&oacute;n con nuestros hermanos, es lo que queremos expresar hoy, con nuestra presencia devota y creyente en la celebraci&oacute;n, nuestro testimonio orante en la procesi&oacute;n, el prop&oacute;sito prolongado en la fidelidad de la pr&aacute;ctica dominical y la frecuencia sacramental.<br />
	&nbsp;<br />
	<strong>LA FE EUCAR&Iacute;STICA</strong></p>
<p>
	&iexcl;Misterio de la fe! As&iacute; proclama el celebrante despu&eacute;s de pronunciar las palabras de la Instituci&oacute;n, recibidas de Cristo y confiadas a los sacerdotes. El milagro eucar&iacute;stico, que desaf&iacute;a a la raz&oacute;n, nos introduce en un &aacute;mbito privilegiado: y porque creemos, nuestra vida se transforma.</p>
<p>
	El Se&ntilde;or nos congrega para la Cena, nos invita a participar del alimento espiritual, sus frutos son percibidos con los ojos del alma, y se hacen visibles para quienes tienen un coraz&oacute;n puro.</p>
<p>
	Pero se requiere el tributo sencillo, humilde, profundo, de la fe. &ldquo;Hagan esto en memoria m&iacute;a&rdquo;, es la invitaci&oacute;n que dirige a la Iglesia, y para lo cual instituye el sacerdocio, y al recibir con fe su palabra, y responder con nuestra vida a su llamada, nos encontramos sumidos en el misterio, que nos supera, pero nos engloba, que no comprendemos, pero amamos, que es un encuentro exigente, pero tan reconfortante y dulce.</p>
<p>
	Y este misterio se hace sensible en la comuni&oacute;n de la Iglesia, pues, reunidos en la asamblea lit&uacute;rgica, juntos ofrecemos y oramos, y juntos comemos el pan eucar&iacute;stico y bebemos de la copa de la salvaci&oacute;n, con el v&iacute;nculo visible de la familia que conformamos.<br />
	&nbsp;<br />
	<strong>LOS FRUTOS DE LA EUCARIST&Iacute;A EN EL ALMA</strong></p>
<p>
	Recibir el Cuerpo de Cristo nos permite permanecer unidos a &Eacute;l, hacer suyos sus sentimientos, compartir su misi&oacute;n y prolongarla en el tiempo, mientras esperamos su gloriosa venida. Y es imposible esperarlo en la verdad y la santidad, sin cambiar el coraz&oacute;n, sin renovar nuestras metas, sin renunciar a lo superfluo y extra&ntilde;o.</p>
<p>
	La Eucarist&iacute;a nos transforma, y nos lleva a identificarnos con Cristo, a amar como &Eacute;l al Padre del Cielo, a entregarnos con generosidad a la misi&oacute;n recibida, a sacrificarnos por los hermanos.</p>
<p>
	Es a partir de la Eucarist&iacute;a, misterio contemplativo, que comienza el coraz&oacute;n del fiel a ser generoso y abierto, a encontrar en los hermanos el objeto de su generosidad y desprendimiento, a amarlos como el mismo Jes&uacute;s los am&oacute;. Y no se puede amar con justicia sin vencer las pasiones, sin olvidar rencores, sin perd&oacute;n, sin un prop&oacute;sito muy serio de verdad.<br />
	&nbsp;<br />
	<strong>LA IRRADIACI&Oacute;N EVANGELIZADORA</strong></p>
<p>
	El misterio de la fe no permanece est&eacute;ril, aunque se celebre en la simplicidad y el silencio.</p>
<p>
	As&iacute; como el Hijo de Dios naci&oacute; en la pobreza de Bel&eacute;n, sin testigos, la Eucarist&iacute;a hace su camino de evangelizaci&oacute;n, transformando los corazones de los fieles, fortaleci&eacute;ndolos en la fe, la esperanza y la caridad, multiplicando la voz del Evangelio en la vida y el ejemplo de los fieles.</p>
<p>
	Sin la Eucarist&iacute;a no ser&iacute;amos fuertes ni convencidos, no llegar&iacute;amos a dar a nuestras iniciativas y acciones el valor de lo divino, ni resistir&iacute;amos nosotros, con perseverancia e inteligencia, ni ser&iacute;amos elocuentes para trasmitir la verdad.</p>
<p>
	Por eso las almas de los cristianos acuden a la fuente de la Vida divina, en la comuni&oacute;n sacramental, y es a partir de all&iacute;, y con este encuentro sobrenatural, que se puede irradiar el mensaje de Jesucristo.</p>
<p>
	Invito muy cordialmente a una participaci&oacute;n atenta y gozosa en la Santa Misa, a la recepci&oacute;n frecuente de la comuni&oacute;n sacramental, a la preparaci&oacute;n por una buena confesi&oacute;n, a la frecuentaci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a incluso cotidiana, a la adoraci&oacute;n del Sant&iacute;simo Sacramento en las ocasiones comunitarias pero tambi&eacute;n en las visitas privadas a los templos y capillas.</p>
<p>
	Y as&iacute; sacerdotes y ministros, misioneros y educadores, los colaboradores pastorales, y todos los fieles bautizados, desde el centro que es la Eucarist&iacute;a, seremos m&aacute;s coherentes, dedicados y mejores para el Anuncio y el Testimonio.</p>
<p>	<strong>EL V&Iacute;NCULO DE LA CARIDAD</strong></p>
<p>
	La Eucarist&iacute;a nos une en la caridad, con la presencia de Cristo en medio de su Iglesia. No es solo un encuentro o una asamblea de convidados, es el reconocimiento de una llamada, una elecci&oacute;n que nos hace m&aacute;s dignos, una participaci&oacute;n en la santidad de Dios.</p>
<p>
	Con nuestra celebraci&oacute;n, proclamamos la fe de la Iglesia, adoramos la presencia de Dios entre nosotros, recibimos la riqueza infinita de sus dones, y nos preparamos para el encuentro definitivo en la gloria.</p>
<p>
	La Eucarist&iacute;a es anticipo de la vida eterna, y en ella pregustamos lo que anhelamos con fe y esperanza. Que esta certeza y la pr&aacute;ctica de una vida eucar&iacute;stica generosa y sincera nos acompa&ntilde;e y conforte en el camino.</p>
<p>	<em>Homil&iacute;a de Mons. Mart&iacute;n de Elizalde OSB<br />
	Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio</em><br />
	&nbsp;</p>
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