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	<title>desconsideración &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>La Cultura de la desconsideración</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Apr 2013 11:59:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>
	Vivimos en un momento de comportamientos que tienden al desprecio de todo. No sabemos apreciar el valor de las cosas. Nuestro actuar suele ser una permanente desconsideraci&oacute;n hacia nuestras ra&iacute;ces y su propia naturaleza. Tenemos que reemplazar conductas hasta con nuestra propia madre tierra, por cierto&nbsp; el &uacute;nico planeta del que disponemos para vivir. Entiendo, por tanto, que debemos de cambiar cuanto antes esta cultura despreciativa y poner en valor otros cultivos menos altaneros y arrogantes, que sean capaz de proteger y respetar el medio ambiente. Incomprensiblemente, no nos ha importado desatender nuestro h&aacute;bitat. Ciertamente, produce un inmenso dolor que nuestro propio orbe nos mande se&ntilde;ales desesperantes y la especie humana apenas le preste atenci&oacute;n. El cambio clim&aacute;tico y el agotamiento de la capa de ozono son los testimonios m&aacute;s evidentes. La consecuencia es que todo se est&aacute; volviendo est&eacute;ril en un mundo putrefacto.</p>
<p>
	&nbsp;Ante esta preocupante realidad, pienso que debemos de aprender a considerar a la persona en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s elementos naturales que le acompa&ntilde;an. El mundo, que comenz&oacute; en un preciso y precioso momento, que fue obtenido de la nada, ha de enraizarse al ser humano, y &eacute;ste a la diversidad de formas de vida terrestres que nos sustentan unas a otras. De ah&iacute;, la importancia de aprender a dominarnos, para que el gran libro de la naturaleza nos siga deleitando y sorprendiendo. Sin duda, tenemos que considerar a la madre tierra como algo muy importante, sin ella la vida se pierde y la propia especie humana pasa a engrosar los anales de la historia. Hemos, pues, de valorar al ser humano por lo que representa en el orden natural y, sobre este orden, empezar a construir otro mundo que nos permita compartir la propia existencia de cada uno.</p>
<p>
	Se dice que nada hay tan dulce como el amor para que florezcan los frutos. Dicho esto, se me ocurre, que coincidiendo con la celebraci&oacute;n del d&iacute;a internacional de la madre tierra (22 de abril), seamos capaces de activarnos el coraz&oacute;n ante las muchas ruinas labradas por nosotros mismos. En ocasiones, nos hemos sepultado de tantos odios, que resulta imposible reposar en la tierra. Nos acorrala un desarrollo insostenible, un af&aacute;n de poder desesperante, un rechazo a un cambio de rumbo en nuestras vidas, mil retrocesos en maneras de vivir. Esta cultura de la ordinariez no puede seguir gobernando el planeta. Tajantemente, &iexcl;no!. Precisamos otras actuaciones del ser humano sobre la naturaleza. El menosprecio por toda vida ha generado un sentido de irresponsabilidad que hace precarias e inciertas las opciones de la vida de cada d&iacute;a. Por otra parte, la desorientaci&oacute;n es tan grave que, hoy m&aacute;s que nunca, hace falta poner en circulaci&oacute;n el juicio &eacute;tico sobre los derechos y los deberes de cada uno.</p>
<p>
	Evidentemente, la ley natural es, por s&iacute; misma, la &uacute;nica fortaleza v&aacute;lida contra la arbitrariedad de los poderosos y los enga&ntilde;os de la manipulaci&oacute;n ideol&oacute;gica, tan de moda en estos momentos. En lugar de promover la cultura del endiosamiento de unos y de la simpleza de otros, deber&iacute;amos avivar el crecimiento de la conciencia moral sobre la madre tierra. Por consiguiente, la primera preocupaci&oacute;n y ocupaci&oacute;n de la humanidad, sobre todo de aquellos que tienen responsabilidades de gobierno, deber&iacute;a consistir en promover la maduraci&oacute;n de la conciencia &eacute;tica. Sin este avance nada ser&aacute; verdadero. Continuaremos en el vac&iacute;o, en el desaire, en los abusos y atropellos. Nuestro planeta precisa personas con conciencia cr&iacute;tica, capaces de dar garant&iacute;a a sus moradores para poder vivir libre y ser respetado en su dignidad.</p>
<p>
	La aportaci&oacute;n de estas gentes, cultivadas en lo &eacute;ticamente l&iacute;cito, es de suma importancia en esta &eacute;poca que nos ha tocado vivir. Juntamente con el progreso de nuestras capacidades sobre este ambiente que nos hemos injertado, tenemos que desarrollar un di&aacute;logo fecundo entre las diversas culturas, que nos permita poder discernir un progreso real y coherente que no lastime a la madre tierra. La acci&oacute;n contra esta dejaci&oacute;n humana en la preservaci&oacute;n de los recursos naturales y los ecosistemas, nos exige cambiar el patr&oacute;n de conductas y proceder sin dilaci&oacute;n al fomento de una cultura m&aacute;s respetuosa con el medio natural.</p>
<p>
	Pongamos fin a las bellas palabras. Vayamos, de una vez por todas, de las voces a las realidades. No se puede vivir en oposici&oacute;n con la naturaleza. El d&iacute;a que la armon&iacute;a forme parte de nuestro proceder, que la conciliaci&oacute;n y el acercamiento de unos y de otros sea algo ver&iacute;dico, ser&aacute; el inicio de un proceso realmente ecologista. Son, precisamente, estas interacciones de los seres vivos&nbsp; con su h&aacute;bitat, las que merecen en todo momento ser respetadas. Obviamente, todos tenemos derecho a existir y a convivir en armon&iacute;a con la naturaleza. Por desgracia, aqu&iacute; y all&aacute; se producen los diferentes fen&oacute;menos de degradaci&oacute;n ambiental y la falta de consideraci&oacute;n con algunos seres humanos, lo que nos exige a todos una autentica sensibilidad hacia este grav&iacute;simo problema. Esta mentalidad dominante, de la desconsideraci&oacute;n hacia la naturaleza, o lo que es lo mismo, hacia nosotros mismos, lo que hace es que la autodestrucci&oacute;n de la especie cada d&iacute;a est&eacute; m&aacute;s pujante.</p>
<p>
	Por eso, volvamos el t&eacute;rmino madre tierra, aparte de que sea una expresi&oacute;n que se utiliza com&uacute;nmente en muchas culturas para designar a nuestro planeta, es una palabra que lo dice todo, que est&aacute; cargada de significados hondos. Esta relaci&oacute;n maternal, con toda su vitalidad y fecundidad, debiera instarnos a la reflexi&oacute;n, a descubrirnos y aceptarnos como hermanos, como familia, como linaje &uacute;nico incorporado a la naturaleza. Yo firmemente pienso en esa uni&oacute;n de corazones, sin omisiones. La desatenci&oacute;n hacia el semejante y su entorno, tiene que agonizar. Para poder dar ese salto a la vida, antes tenemos que dar salud a la madre patria, desistiendo de todo empecinamiento de creernos m&aacute;s que nadie en este mundo de v&iacute;nculos y semejanzas. Reneguemos, pues, de cualquier cultura descort&eacute;s con la humanidad y su medio ambiente, aportando renovada energ&iacute;a y entusiasmo para cualquier batalla de ideas y de visiones. S&oacute;lo cuando aceptemos esa unidad arm&oacute;nica resplandecer&aacute; la verdadera cultura ecol&oacute;gica. De lo contrario, seguiremos con la palabrer&iacute;a f&aacute;cil y con la hecatombe m&aacute;s pr&oacute;xima.</p>
<p>
	V&iacute;ctor Corcoba Herrero/ Escritor</p>
<p>
	corcoba@telefonica.net</p>
<p>
	14 de abril de 2013</p>
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