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	<title>cesario lozano &#8211; Diario Tiempo Digital</title>
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		<title>Un homenaje merecido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tiempo diario]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Aug 2013 07:32:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[ana maría vivani]]></category>
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		<category><![CDATA[dr. héctor m. leal]]></category>
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					<description><![CDATA[Ten&#237;a un compromiso, (como tantas veces) de ser la voz de muchos: escribir unas palabras, no de despedida sino de agradecimiento, a quien dedicara tantos a&#241;os de su trabajo a&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>
	Ten&iacute;a un compromiso, (como tantas veces) de ser la voz de muchos: escribir unas palabras, no de despedida sino de agradecimiento, a quien dedicara tantos a&ntilde;os de su trabajo a la gente de La Ni&ntilde;a.</p>
<p>
	Lejos estaba de imaginar que mis palabras volar&iacute;an hacia otro rumbo, tendr&iacute;an que ampliarse, hacerse cielo y rezo, deber&iacute;an ser mucho m&aacute;s abarcativas que, el hecho de dar gracias al Dr. H&eacute;ctor Mario Leal, con motivo de retirarse definitivamente de la medicina.</p>
<p>
	Es verdad que el Dr. Leal estuvo &quot;una vida&quot; en La Ni&ntilde;a: lleg&oacute; muy joven y, los que lo conocimos desde su inicio, tenemos a&uacute;n en la retina su peque&ntilde;a y humilde casita de los primeros tiempos, su viejo autom&oacute;vil azul, al que &eacute;l mismo gustaba arreglar.</p>
<p>
	Ven&iacute;a de la Capital Federal, tal vez pudo buscar otro rumbo en una ciudad m&aacute;s populosa, que le ofreciera mayores posibilidades, no s&oacute;lo de trabajo sino de distracciones, de ampliar sus conocimientos. Sin embargo, eligi&oacute; el pueblito rural y all&iacute; se qued&oacute;, un pueblo acostumbrado a la peculiaridad de la medicina que el viejo y tan querido Doctor Ces&aacute;reo Lozano, hab&iacute;a instalado. Y de su gran sabidur&iacute;a ya que, era el m&eacute;dico del &quot;ojo cl&iacute;nico&quot;, temible por sus diagn&oacute;sticos (sin aparatolog&iacute;a entonces).</p>
<p>
	Imagino que, no habr&aacute; sido f&aacute;cil para el Dr. Leal romper con las pr&aacute;cticas de este veterano facultativo, arraigadas en el lugar a partir de su modo de curar casi dom&eacute;stico, popular.</p>
<p>
	H&eacute;ctor Mario Leal lleg&oacute; con su flamante t&iacute;tulo, un mont&oacute;n de proyectos e ilusiones y, nuevos modos de tratar la enfermedad. Recuerdo muy bien su gusto por la psicolog&iacute;a (o la psiquiatr&iacute;a).</p>
<p>
	All&iacute;, tuvo que adaptar sus j&oacute;venes ansias a los recursos disponibles; escasos y dif&iacute;ciles de acercar a la localidad. Supo arreglarse con lo que ten&iacute;a, quiz&aacute; el viejo m&eacute;dico, que estaba partiendo, le alcanz&oacute; alg&uacute;n consejo &uacute;til, como al pasar; sol&iacute;an hablar.</p>
<p>
	Lo cierto es que se arraig&oacute; en un pueblo muy distinto a su lugar de origen, hizo amigos, seguro que gener&oacute; tambi&eacute;n alguna antipat&iacute;a porque eso es vivir; imposible ser querido y admirado por todos. Pero, repito, dedic&oacute; &quot;su vida&quot; a luchar contra el dolor en La Ni&ntilde;a. En las buenas y en las malas; con buen tiempo y en &eacute;poca de grandes inundaciones, con recursos o sin ellos.</p>
<p>
	No era persona de mucha vida social pero ocup&oacute; un cargo p&uacute;blico y tuvo trato cordial con todos; hombre de humor, sol&iacute;a hacer chistes frecuentemente.</p>
<p>
	En verano o en invierno se lo ve&iacute;a con su chaqueta celeste, mangas cortas, rara vez abrigado. Siempre dec&iacute;a que era el primero en contraer una gripe.</p>
<p>
	Pero todo esto, si &eacute;l me lo permite, pudo hacerlo gracias al acompa&ntilde;amiento de su compa&ntilde;era de siempre: Teresita, la que acaba de partir, justamente cuando &eacute;l deja la profesi&oacute;n, como si hubiera cumplido una ardua tarea, agotadora y, decidiera tomarse un merecido descanso.</p>
<p>
	Teresita tambi&eacute;n era joven y llena de vida cuando se casaron y se instalaron en la casita que &eacute;l ocupaba de soltero. Esa casa era su desvelo, brillante como ninguna. Amaba los perros, gatos y, hasta cuidaba sapos que saltaban por su patio, m&aacute;s tarde, en una nueva casa, que ella convert&iacute;a en m&aacute;s bonita por el cuidado que le dispensaba.</p>
<p>
	Me doy permiso para dedicar a Teresita un gran homenaje. No fue f&aacute;cil seguramente para ella acompa&ntilde;ar a este hombre, muy digno de toda estima, pero con su car&aacute;cter y su peculiar modo de mirar y vivir la vida.</p>
<p>
	Ella estaba. Siempre. Para todo. Para atenderlo y cuidarlo. Para protegerlo a veces, lo que le val&iacute;a alguna queja de un paciente presuroso.</p>
<p>
	S&eacute; del temor que le provocaba el aislamiento cuando La Ni&ntilde;a estuvo rodeada por las aguas. Pero all&iacute; se qued&oacute;, junto a su hombre, su amigo, su compa&ntilde;ero, su fortaleza.</p>
<p>
	Dos amigos se han ido:&nbsp;H&eacute;ctor, de la profesi&oacute;n y Teresita tambi&eacute;n. Porque &iquest;qui&eacute;n puede decir que una compa&ntilde;era de tantos a&ntilde;os no comparti&oacute; tambi&eacute;n su trabajo?</p>
<p>
	Sentimos mucho su p&eacute;rdida, los ni&ntilde;enses y todos los que los trataron y, aunque H&eacute;ctor no apruebe mis palabras, porque s&eacute; que piensa diferente, dir&eacute; que s&oacute;lo Dios sabe por qu&eacute; ella se fue ahora.</p>
<p>
	Tienen much&iacute;simos a&ntilde;os vividos y sufridos juntos en el &quot;activo&quot; de la experiencia. Por eso, estar&aacute; presente de alg&uacute;n modo en su vida, para continuar su tarea.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n &eacute;l sigue vigente, en el recuerdo de tanta gente agradecida, a la que acompa&ntilde;&oacute; en el dolor, otros, con quienes comparti&oacute; una alegr&iacute;a, aquellos a quienes dio un consejo o muchos que todav&iacute;a lo extra&ntilde;an.</p>
<p>
	Te acompa&ntilde;amos H&eacute;ctor (perd&oacute;n por el atrevimiento del tuteo) pero me parece que hoy nuestro &quot;doctor&quot; se merece un trato afectivo, fraterno, un abrazo interminable, un &quot;lo sentimos&quot;, un GRACIAS verdadero, grande, profundo.</p>
<p>
	Y decirle que, en ese pueblo que eligieron hace m&aacute;s de medio siglo, &eacute;l y su esposa, no han pasado simplemente sino que HAN DEJADO HUELLAS.</p>
<p>
	Ojal&aacute; alguien pueda verlas e imitarlas.</p>
<p>
	Un abrazo grande, H&eacute;ctor Mario Leal y el respeto para ambos.</p>
<p>
	Ana Mar&iacute;a Vivani (en nombre de todos los ni&ntilde;enses)</p>
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