La aparición de la mosca de los frutos ha llevado preocupación a productores locales de frutales, cítricos (a excepción del limón) y algunas verduras, dada la voracidad de esta plaga, que demanda atención especial.
Ante ello, desde INTA 9 de Julio, la ingeniera Paula Ferrere, explicó las características del insecto y dejó una serie de recomendaciones importantes para evadirlas.
“Es una mosca pequeña, polífoga, ataca todo tipo de frutales: ciruelas, cítricos de todo tipo, duraznos e incluso morrones. El daño que provoca es que cuando la fruta cambia de color porque comienza a madurar, la mosca se deposita sobre la fruta, pone un huevo y cuando nace la larva ingresa en el fruto y éste, al detectar la plaga, automáticamente se cae”, detalló.
Por eso la idea es “alertar a las personas que tienen cítricos, menos limón, tenga la precaución de hacer una trampa casera, que es muy fácil y económica, y que la función que cumple es bajar el nivel poblacional del insecto. No vamos a colocar ningún insecticida sino que con esta trampa se la atrapa e impedir la oviposición”.
La trampa se realiza con un envase de lavandina – cuyo color amarillo resulta atractivo para el insecto-, o uno de gaseosa, y se perforan uno 10 o 15 agujeros con un tornillo de tres a 4 milímetros. Y, dentro de esa trampa, se coloca un compuesto con: una parte de vinagre, tress partes de agua y dos cucharadas de azúcar. Y, si no usamos un bidón de lavandina y usamos una botella común de plástico, le agregamos colorante amarillo (puede ser el de repostería). Se pone entre tres o cuatro dedos de líquido en la botella y se debe renovar cada diez o quince días.
La trampa debe colgarse dentro del arból afectado en una rama. Con una o dos trampas por árbol alcanza.
La idea es prevenir porque ya atacó los frutos de verano como los de carozo “y ahora empieza a buscar nuevas especies para atacar como naranjas, mandarinas y pomelos”, agregó Ferrere.
Por último, aclaró que “aquellas frutas que estén apestadas y se hayan caído no deben ser usadas para compostaje y de enterrarlas, se debe hacer a más de 30 o 40 centímetros de profundidad para que no vuelva a emerger la mariposa de ellas”.
