El fin de semana pasado, numerosas familias de la ciudad y de la zona, se reunieron en la Sociedad Rural para rendir tributo a sus ancestros: Doña Teresa Agostinelli y Don Nazareno Paoltroni. Una pareja de inmigrantes que llegó a Nueve de Julio – como otros miles en nuestro país y millones en América-, huyendo de la guerra, de la hambruna y de la desesperación de la Europa de principios del siglo XX.
Así se aventuraron a un mundo incierto y desconocido con la única riqueza que tenían: la esperanza de forjar un legado para sus futuras generaciones.
En su honor, varias familias descendientes de Nueve de Julio, Carlos Casares y Bahía Blanca decidieron reencontrarse: Leunda, Lamana, Paoltroni, Iraldi, Mateo, Ascani, Fumagali y Cantoni.
Aquella pareja de rústicos y analfabetos inmigrantes, tuvo diez hijos que a su vez sembraron en este suelo otras familias aunque, lamentablemente, por cuestiones personales, o por no encontrarse en la ciudad o en el país, no pudieron asistir a la reunión: Schneiter, Gornatti, Vaudagna, Fileccia, Morales…y la lista continúa.
Un pequeño tributo familiar en donde las segundas y terceras generaciones se reunieron para reencontrarse, agradecer a los que los precedieron y a quienes sentaron las bases de lo que son hoy, porque, como dice el soneto de Bernárdez, “lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”.
