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La feligresía católica conmemoró el Domingo de Ramos

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La primera tradición litúrgica de este día corresponde a la de Jerusalén. En ella se recuerda el gesto profético de Jesús que entró a la ciudad como Rey de paz, el Mesías que fue aclamado y después condenado para el cumplimiento de las profecías. La segunda es la de Roma, la cual invita a los fieles a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo, anticipando la proclamación del misterio en el Evangelio de Lucas (22:14–23:56).

Las principales ceremonias de este domingo en nuestra ciudad fueron la bendición de las palmas en Plaza Belgrano, y la posterior celebración de la Misa, en la Iglesia Catedral.

Según la Biblia, unos 500 años antes del nacimiento de Jesús el profeta Zacarías había profetizado: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9). El evangelio Mateo 21:7-9 registra el cumplimiento de esta profecía: “Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”. Este evento tuvo lugar el domingo antes de la crucifixión de Jesús.

De acuerdo con los evangelios canónicos, la Entrada a Jerusalén describe el momento en que Jesús de Nazaret entró triunfalmente a Jerusalén, en medio de una multitud que lo aclamaba como el Hijo de Dios. El Domingo de Ramos conmemora este hecho. La narración de su entrada está escrita en el Nuevo Testamento, siendo mencionada por todos los evangelios canónicos: (Evangelio de Mateocapítulo 21, 1-9; Evangelio de Marcos capítulo 11, 1-10; Evangelio de Lucas, capítulo 19, 28-40; Evangelio de Juan, capítulo 12, 12-19).

Los Evangelios describen cómo Jesús entró a Jerusalén y cómo la gente alfombraba su camino y también cómo dejaba a un lado pequeñas ramas de árbol. Las personas también cantaban una parte del Libro de los Salmos, específicamente los versículos 25-26 del capítulo 118: “Bendito es el que viene en el nombre del Señor. Bendito es el enviado del Reino de Nuestro Padre David”. El lugar de esta entrada no está especificado, pero se supone que tuvo lugar en la Puerta Dorada.

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